Fuera de Servicio

El calor del día parecía haber detenido el tiempo en la sala de espera de la notaría Ramos, y Violeta parecía la única en haberse dado cuenta. El reloj de pared la observaba en su confusión marcando las 8:36 y moviendo el segundero vacilante entre el 1 y el 2, atrapado sin saber si seguir adelante o detenerse ya de una vez.

Violeta salió de la oficina donde trabajaba diez minutos antes de su hora de refrigerio, atravesó la avenida bajo los potentes rayos del sol de medio día, el tránsito de autos era fluido, pero la calle estaba completamente desierta de peatones, nadie se atrevería a salir a esas horas sin el refugio de alguna sombra.

La notaría estaba repleta de gente formados en colas para luego coger tickets y poder pasar a la sala de espera, donde serían llamados por su número para pasar a la ventanilla, para luego (si tenían suerte de tener todos los documentos) pasar a la cola de caja.

Violeta ya estaba sentada en la sala de espera, pero no veía ningún avance en ninguna parte, el reloj no avanzaba, los números no avanzaban, cada cierto tiempo alguien se levantaba a estirar las piernas, pero las caras a su alrededor parecían no haber cambiado, nadie salía, nadie entraba. Llamó su atención aquel reloj, quizá nadie más lo había notado, o quizá todos los demás lo habían notado pero no se atrevían a decir nada, un dato sin importancia, un reloj de pared. ¿quién necesitaba un reloj de pared ahora? Era la era de los smartphones.

Violeta buscó en su bolso, pero no encontraba su smartphone, quizá lo habría dejado en la oficina, o quizá se le había caído en la calle, ¡o quizá se lo habían robado!, ¡MALDITA SEA!, era el segundo smartphone que le robaban, no podía ser, este ni siquiera lo había terminado de pagar.

-Respira profundo Violeta- Se dijo a sí misma- Estás estresada, lo dejaste en la oficina, o en casa, no lo has perdido, cálmate.

Intentó calmarse y miró nerviosamente el reloj que seguía en su singular lucha por salir de entre el 1 y el 2. Tenía la frente empapada de sudor, la sala de espera de la notaría Ramos no tenía aire acondicionado, parecía no tener ni tan siquiera un ventilador.

-¡Malditos tacaños, ni un ventilador pueden comprar con la plata que nos sacan! – Cálmate Violeta – Sacó de su bolso un pañuelo e intentó secarse el sudor. Se levantó y miró a su alrededor. La sala estaba llena de ojos vacíos, cualquier cosa que hubieran venido a hacer aquí, habían abandonado toda esperanza antes de entrar en aquella sala.

Violeta estaba hambrienta, sedienta y muerta de calor, su paciencia estaba a punto de alcanzar su límite cuando entonces lo vio.

Un solitario ventilador empotrado en un columna y pegado en él, un letrero que parecía una burla, cada una de las letras parecía un insulto a todos los seres vivos de la sala.

-FUERA DE SERVICIO.

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