La navidad es para los niños

La navidad es para los niños

“La navidad es para los niños”, no recuerdo bien cuándo fue la primera vez que escuché esa frase, pero lo que estoy seguro es que para cuando la escuché mi infancia ya era cosa del pasado. Con el pasar de los años la navidad como fiesta perdió el sentido. Recuerdo las navidades limeñas de mi infancia.

Para mí, los primeros indicios de que empezaba la navidad no eran las pequeñas luces decorativas, los árboles de plástico de segunda con bolitas de color llamativo o los adornos con motivos de invernales y nevados; cuando claramente en Lima estábamos por entrar en verano y yo no había visto la nieve más que en la televisión. El verdadero indicio de que la navidad estaba cerca era el olor a pólvora.

Solo por esas fechas las calles se llenaban de vendedores ambulantes de fuegos artificiales o “cuetes”, como les llamamos. Mis padres por la seguridad de sus criaturas tenían un sistema designado a salvaguardar nuestra salud   y al mismo tiempo enseñarnos el peligro de manera gradual, ya que a la fiesta nocturna de “reventar” cuetes acudían familiares lejanos, tíos y primos y todos los vecinos que pudieran comprar y compartir una cerveza y cuetes con sus niños.

Pero los niños tienen su propio sistema, que como no puede ser de otra manera es a través de un juego al que llamamos “las guerritas” (a lo que llamo también “selección natural”).

El método de mis padres consistía en que, dependiendo de la edad dejaban hasta cierto tipo de cuete, en función del grado de peligro explosivo que representaba estabas cualificado a comprar y manipular dicho cuete.

Los más inofensivos son los “tronadores”, estos ni tan siquiera necesitan fuego, se arrojan al suelo y sueltan un sonido de explosión. Permitidos a todas las edades pero mayormente disfrutados por los que superan los 3 años, posiblemente porque tienen la capacidad motriz suficiente para hacerlos funcionar.

En segundo lugar están las “Luces de bengala” son algo más complejas ya que se deben encender con una llama, los niños a partir de 4 años tienen permitido usarlas, consiste en un palito que una vez encendido dan aproximadamente 20 segundos de chispas con los que disfrutaba haciendo figuritas moviendo el palito.

Luego están los “cuetecillos” que vienen solos o en “sarta”, pequeñas dinamitas que os niños a partir de 5 años pueden hacer explotar arrojando los a una distancia prudencial, Era el momento en el cual empezábamos con “las guerritas”, que no era más una batalla entre manadas de niños armados con cuetecillos y mecheros o fósforos.

Complementando a los cuetecillos le siguen los “silbadores”, su función de entretenimiento es encender la mecha y verlos subir al cielo, provocando un sonido muy particular parecido a un silbido (del cual supongo que reciben el nombre) y finalmente verlos explotar. Para nosotros eran ataques de larga distancia.

Le sigue la artillería pesada, Las “calaveras” que rozan la legalidad y las “rata blancas” que son simple y llanamente cartuchos de dinamita, cada año siempre se escuchaba por la radio o la televisión de algún niño herido e incluso mutilado por estas monstruosidades.

Existían otro tipo de fuegos artificiales, como el volcán, la mariposa o la varita que tiraba bolitas de luz, pero siempre quedaban fuera de las guerritas.

En las guerritas podías ver como niños tranquilos y obedientes se convertían en verdaderos demonios armados con cuetecillos y silbadores y los niños revoltosos y valientes se escondían detrás de algún lugar seguro hasta que termine la contienda. El fuego y la pólvora muestran la verdadera naturaleza de un niño y lo marcan tanto en el alma como en la piel. La temporada de navidad termina el primero de enero, en las calles del primero de enero se levanta una neblina con olor a pólvora y furtivas explosiones, que son los saldos de cuetes que los niños más previsores reservaron durante la noche pero que luego olvidaron.

La siguiente medida de seguridad que usaban mis padres y en mi opinión la más efectiva llegó cuando cumplí 11 años, no recibí cuetes, sino que tuve que comprarlos con mi propina, mis amigos, los más enganchados a la pólvora ahorraban desde los primeros días de diciembre, pero con el pasar de los años, van surgiendo otras necesidades más apremiantes, como el alcohol o alguna droga menor. Al pasar esa etapa es cuando se pierde la inocencia, se perdió las ganas de recibir juguetes, esa ilusión de ver luces navideñas y adornos de yeso, lo cual nos deja fuera da la infancia y de la navidad.

Allí, cuando por fin tuve edad suficiente para cuestionar el motivo de tanto consumismo, tanta pólvora, cuando me di cuenta de que todo era una distracción, un show de luces para olvidar las cosas malas del año, fue en esos días escuché por fin la frase: “La navidad es para los niños”.

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Un comentario en “La navidad es para los niños

  1. Cada uno tiene su navidad particular, otros no tienen ninguna pues practican otras religiones o ninguna, pero me has hecho sentir hasta el olor que dejan los “cuetes” en el aire. Eso es lo importante.

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