Sábado noche

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Enciendo la computadora, veo parpadear las luces, verde, verde, naranja. El saludo frío y binario- “Bienvenido Chino”, escribo con desgano la contraseña, espero.

Abro el “Word”, letra “Calibri (cuerpo)”, cambio al tamaño a doce,  alinear texto a “justificar”, no sé qué significa pero siempre lo hago, comienzo a describir todo lo que hago, letra a letra, todo.

Voy a por una cerveza.

El frío llena mi garganta, el dulce sabor amargo, por un momento todo se disipa, un momento de paz, leo lo que he escrito, malo, malo, tengo que borrar.

Comienzo nuevamente, cierro los ojos, la música llena las calles, todas, kilómetros a la redonda, en alguna parte los perros ladran, no les gusta la fiesta, igual que a mí.

Los vecinos vuelven a estar de fiesta, quizá los de al lado, quizá los de atrás, no importa, todos están de fiesta.

Me sumerjo en los recuerdos de otro tiempo, cuando aún era joven, con esperanza, con ganas de vivir, en una noche como esta saldría arreglado y perfumado, bien peinado, con camisa nueva recién planchada, los zapatos bien lustrados, con la sonrisa bien puesta, con la fe de que la noche de fiesta resultaría diferente las otras.

Sábado, once de la noche, el estómago vacío y los músculos doloridos por trabajar diez horas lavando platos y mañana a trabajar diez más. No importa, hoy es sábado, hoy toca bailar, hoy toca ser feliz, al menos intentarlo.

Llego al “Zurich Café”, espero a Ramón que como siempre llega tarde, intentamos ponernos de acuerdo sobre a qué bar ir, finalmente empezamos a caminar bajando Las Ramblas.

Es una cálida noche de verano y las ramblas están llenas de turistas, como todos los veranos. Finalmente entramos por Carrer Ferrán y llegamos a Vía Laietana y nos adentramos en las callejuelas del barri Gòtic. Finalmente llegamos al Paseig del Born allí los turistas jóvenes y no tan jóvenes pasean por las calles, beben y compran cerveza en los “paquis”. Entramos en al “Copetín” no hay mucha gente, no todavía, pero la habrá, todos con su mejor gala, todos con ganas de olvidar un momento que no tienen futuro, que son almas rotas desesperadas en búsqueda de un poco de olvido, justo como yo.

Suena en el ambiente una salsa movida, me acerco a la barra y pido el trago más fuerte y barato que mi mísero sueldo puede comprar. Fijo mi mirada en las mujeres, buscando a la chica más linda, suspiro y me acerco a  una chica que parece de mi edad y algo distraída, un vestido corriente y una cara corriente, le pido bailar, me mira de arriba abajo, me dice- NO- sonrío fingiendo estar avergonzado, sigo mi rutina, de pie, siguiendo la música sin ritmo, torpemente vuelvo a repetir el ciclo, a sabiendas de la respuesta –NO- los rechazos no mellan la fe, hoy las cosas serán diferentes. Vuelvo la mirada a donde está Ramón, está bailando con una chica coqueta y guapa. Sonrío y alzo mi copa, Ramón se está divirtiendo.

Sigo la rutina, vuelvo a ver a alguna chica, me acerco a ella, sonríe, me mira de arriba a abajo y otra vez el – NO- empiezo a sentir que me hace falta otra copa más.

Pasan unas cuantas canciones y Ramón vuelve conmigo, me dice que la chica con la que bailó tiene amigas, me acerco a ellas.

Están bailando entre ellas en círculo, me presento- “hola, soy el chino”- sonríen, me miran de arriba abajo, siguen bailando, intento entablar alguna conversación, “¿Vienen mucho por aquí?”, -NO- “¿Estás estudiando o trabajando?”- Estudio- “te gusta la salsa?” – Algo – “¿tienes sed?” – NO – “¿quieres bailar?”- Ya estamos bailando – Intento contar cuantas veces puedo hacerlas responder con algo más que monosílabos.

La noche avanza y sigue llegando más gente, el “Copetín” no es muy grande, está lejos de ser una discoteca, pero la gente se levanta y baila como puede al son de la salsa y el merengue, aún no me acostumbro a bailar sin pareja, de vez en cuando se ven parejas dando pasos y vueltas espectaculares, se divierten, pero se les nota aún que cuentan mentalmente los pasos que están realizado. Ramón se ríe a carcajada limpia de ellos y enseña a su pareja a sentir el ritmo, Ramón siempre consigue que se suelten, olviden la escuela y dar libre movimiento a sus cuerpos sin la necesidad de contar.

La noche llega a su fin, Ramón está contento y algo borracho, yo demasiado sobrio para mi gusto, intentando no dormirme en el viaje de vuelta. El vagón de metro está lleno de gente como nosotros, algunas parejas parecen haberse conocido esa noche, algunas otras parece que se olvidarán antes de despertarse, los observo tratando de recordar si me he divertido.

Abro los ojos y vuelvo al presente, escucho la música, me fijo que la tapa de la cerveza tiene algo escrito, “sigue intentando”.

Leo lo que he escrito, malo, malo, vuelvo a borrar.

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3 comentarios en “Sábado noche

    • Muchas gracias por tu comentario, me siento muy halagado, espero que sigas el consejo de la tapa de cerveza (aunque no sé si es un buen consejo, puede que la tapa esté borracha).
      Suerte y muchos éxitos.

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