Ya eres un hombre

“La cerveza empieza a hacerme efecto”- pensó Iván mientras sentía como el líquido frío pasaba por su garganta. Estaba tan fría y se la bebió tan deprisa que no pudo saborearla. No estaba acostumbrado a beberla, pero tenía buen aguante para las bebidas alcohólicas. O al menos eso le parecía, ya que llevaba unas cuantas y a un ritmo acelerado.

Hacía dos horas que llegaron a aquella discoteca y casi todo ese tiempo había permanecido sentado. Era la única forma en la que se sentía cómodo, en parte por su completa carencia de ritmo pero también por su naturaleza tímida y servicial de cuidar las cosas de los demás mientras ellos salían a la pista de baile. Acercó una mano a la botella para llenarse el vaso una vez más pero su mano coincidió con otra, era una mano pequeña de piel suave. Levantó la mirada y se topó con unos ojos sorprendidos y divertidos por la casualidad de aquel cruce de manos y por la reacción de Iván que se disculpó de manera exagerada con una serenidad mal disimulada, acompañada de los característicos colores que delataban su nerviosismo.

-Tranqui Iván, pero ya que estás, podrías rellenar el vaso de esta sedienta dama- le dijo Claudia con su característica sonrisa, esa sonrisa que se guardaba para cuando estaba con él.

-Claro – sentía que hasta las orejas delataban lo nervioso que estaba, era la primera vez que se veían fuera del trabajo, aunque fuese una celebración de todos los promotores y no estuviesen solos, para Iván era una oportunidad única de conocerla mejor.

Hacía un mes que la vio por primera vez, llegaron los primeros a aquella reunión impulsados por aquél aviso en la página de internet: “Solicitamos 20 promotores con o sin experiencia, buena presencia con gran desempeño Habilidades y Destrezas. Buen nivel de vocabulario, fluidez al hablar. Capacidad de trabajo bajo presión”. Un aviso como mil más, pero las casualidades de la vida hicieron que a esa reunión llegasen Iván y Claudia los primeros, los dos jóvenes de apenas 18 años.

-Ven a bailar un rato conmigo – le dijo mientras la pequeña mano tiraba fuertemente de  la suya.

-Claro – se limitó a decir mientras se incorporaba y sentía como le flaqueaban las piernas.

Sonaba una canción de Chichi Peralta: “La Ciguapa”.

-Esta canción es una de mis favoritas, ¡me hace acordar cuando la bailaba de chiquita en el cole! – le dijo mientras se movía al ritmo de la canción.

Claudia una chica alegre de un metro sesenta de alto, su belleza no destacaba por lo exuberante. Se podría decir que cuando Claudia caminaba por la calle no atraía muchas miradas, pero si uno prestaba atención, se podía ver un brillo especial en ella, sobre todo cuando sonreía. Iván no dejaba de mirarla embobado y se limitaba a moverse lo menos posible, ya que quería disimular su falta de ritmo.

Al finalizar la canción pensó en pedirle a Claudia salir un momento para poder conversar un poco a solas, pero las palabras formaron un nudo en su garganta y antes de que pudiera salir cualquier sonido, Claudia se dirigió una vez más a la mesa con el resto del grupo.

Iván aprovechó para ir al baño, tenía la vejiga a punto de explotar, una vez en el baño se mojó la cara y se miró concienzudamente en el espejo. Un chico que no se podía calificar como feo, pero tampoco era guapo, era alto y delgado. Estaba vestido con el mismo traje azul marino con el que había ido a la primera reunión, la misma camisa blanca y la misma corbata roja y azul. Pensó en cuanto tiempo tardaría el alcohol en darle la confianza suficiente para decirle algo a Claudia, pero parecía que su timidez nata se lo impedía.

Salió del baño y se sentó una vez más en su sitio, la mesa se poblaba de compañeros de trabajo, no conocía bien a ninguno, pasaba la mayoría del tiempo escuchando distraídamente conversaciones sobre lo bien que les irá el próximo mes o lo preocupados que estaban de no llegar a la cuota, las mujeres se limitaban a salir corriendo en cuanto sonaba alguna canción, Claudia entre ellas.

Había pasado una hora y cuando se dio cuenta La jefa de grupo estaba justo a su lado, Iván no supo en qué momento había pasado aquello, pero tampoco parecía tomarle mucha importancia, normalmente cuando no estaba hablando de algo importante su jefa estaba casi siempre con la mirada fija en su Blackberry y por lo visto, un viernes a las once de la noche en una discoteca tampoco era la excepción.

-Sabes que está con alguien, ¿verdad? – Le dijo sin apartar la vista de la pantalla, aquellas palabras tardaron en cobrar sentido.

-¿Qué? – se limitó a decir mientras seguía mirando el vaso una vez más vacío.

-¡Ay chico!, lo llevas tatuado en la cara, seguro que ella no te lo ha dicho.

-¿Por qué me cuentas esto? – dijo mientras agarraba el vaso cada vez más fuerte.

-Me pereció cruel que no lo sepas, ella es buena chica, no creo que lo haya hecho con mala intención, además, bueno, quizá esto ya lo imaginabas, pero el lunes ya no seguirá trabajando con nosotros.

Acercó su mano a la botella y la encontró vacía, la noticia no era ninguna novedad para él, no había llegado a la cuota de clientes, sus únicos clientes eran algunos familiares.

-Acompáñame un momento – dijo ella mientras se levantaba de la silla.

Iván la siguió sin mediar palabra, no tenía nada que decirle a aquella mujer, tampoco quería escuchar nada más acerca del trabajo, sólo quería preguntarle cómo sabía lo de Claudia, por qué no le había dicho esas cosas. Ellos pasaban muchas horas juntos en el trabajo, les asignaron durante las dos últimas semanas el mismo recorrido, así que en las horas que no pasaban en la calle conversaban de todo un poco, sentía que habían conectado, pero quizá solo fuera una percepción suya, quizá ella solo fuese amable con aquel chico tímido y nada más.

Su jefa pidió un par de chupitos de tequila, se dieron un pequeño “Salud” y luego le enseñó a ponerse la sal en mano y  el limón, y primero lo hizo ella para demostrarle cómo se hacía. No le costó mucho trabajo hacerlo, sintió el calor de aquél líquido inundando todo su ser dejándole un ardor en la garganta que jamás había sentido en la vida.

-Bueno Iván, te diré que puedes hacer, puedes sentirte mal por lo que ha pasado. Puedes sentirte mal por Claudia, porque tiene pareja, o puedes salir en quince minutos tomar un taxi y que te lleve a este hotel – le dio una pequeña tarjeta con el nombre de un hotel y la dirección, era una tarjeta elegante de color negro con un nombre dorado “Secretos”.

-Tiene que ser una broma – le dijo Iván mientras se fijaba en la alianza que su jefa tenía en el dedo.

-Bueno Iván, si no quieres no pasa nada, pero me pareces un chico guapo y no me gusta perder el tiempo, yo en cinco minutos saldré por esa puerta, si estás listo solo tienes que mandarme un mensaje con una sola palabra “”, puedes pasarte toda la noche tras de Claudia o puedes pasar la noche conmigo, es tu decisión – tras decir esto se dio media vuelta y se dirigió a la mesa a recoger sus cosas y despedirse de todos.

Iván se quedó pensando un momento en las palabras de su jefa, se dirigió al baño y sintió unas fuertes arcadas, se mojó la cara e intentó controlarlo, pero sin poder evitarlo vomitó sobre el lavatorio del baño.

Lo primero que hizo fue fijarse  si se había manchado la ropa, todo parecía en orden. Cogió toallas de papel y limpió lo mejor que pudo, se volvió a refrescar la cara. Curiosamente se sintió mucho más despejado y pudo pensar con más claridad. Salió del baño y se dirigió a la mesa donde estaban los demás compañeros, no vio ni a Claudia ni a su jefa por ninguna parte, se despidió de los que estaban por allí cerca y salió de la discoteca.

En la entrada compró unos chicles de menta y se metió tres en la boca al mismo tiempo enviaba un mensaje desde su teléfono con una palabra “si”.

Subió a un taxi y le indicó la dirección, el taxista sonrió y lo llevó en silencio, llegaron a un edificio de cuatro plantas y el taxista se metió directamente en el garaje del edificio.

-¿Qué está haciendo? – preguntó Iván un poco preocupado.

-Primera vez ¿he muchacho?, bueno, así funciona este sitio, tienes suerte de que lo conozca bien, hay un cliente que me llama cuando quiere que lo traiga aquí, cuando llegues enseña la tarjeta que tienes, ellos ya saben.

Bajó del taxi justo frente a un ascensor, dentro del ascensor había un hombre en un traje negro y le pidió la tarjeta, su rostro tenía una expresión de seriedad que parecía esculpida en piedra. Examinó con un vistazo rápido la tarjeta y cerró el ascensor. Subieron en silencio, el corazón de Iván latía muy fuertemente y tenía otra vez ganas de orinar, para distraer su mente se metió otro chicle a la boca.

Al llegar al último piso el ascensorista se dirigió hasta la segunda puerta y tocó con el puño dos veces luego esperó a un lado de la puerta, Iván lo tomó como una invitación a acercarse a la puerta.

La puerta se abrió y  la jefa de Iván sonrió al verle, sacó un billete y se lo dejó al ascensorista, el hombre hizo un gesto leve con la cabeza y volvió a su labor. Una vez dentro lo primero que Iván notó era que la habitación era bastante amplia y olía bastante bien, una alfombra blanca, una mesa con una botella de champagne y dos copas, una de ellas estaba ya medio llena y con marca de pintalabios, una cama grande y un espejo desde el suelo al techo. Una televisión, un mini bar y un equipo de música, sonaba una melodía que jamás había escuchado antes, eran instrumentos de viento y tambores, nadie cantaba, sólo instrumentos y ritmos frenéticos y luego otros, como si todos los instrumentos musicales que se pudiese imaginar hubieran cobrado vida y hablasen en su propio idioma.

-Es Jazz, Charles Mingus, soy una fan, ¿lo has escuchado? – le pregunto mientras llenaba las copas con champagne.

-Creo que nunca en mi vida había escuchado algo así, es muy bonito – estaba anonadado, no sólo por la música, su jefa llevaba el pelo suelto, cosa que nunca había visto, se había quitado el abrigo y se había quedado sólo con la blusa de seda blanca y falda negra, estaba descalza y se había quitado las medias, ahora era cinco centímetros más baja. Hasta ese momento Iván nunca se había fijado bien en aquella mujer de treinta y muchos años que aparentaba con dignidad y elegancia, con don de palabra y de carácter fuerte.  Tenía la piel morena y el cabello rizado, los ojos grandes y negros, llevaba un ligero maquillaje y sombras verdes en los ojos, siempre le llamaron la atención, pero eran difíciles de apreciar con el semblante de autoridad del trabajo.

-¿Un pequeño brindis?

-primero me gustaría usar el servicio si no te importa.

-adelante, la única puerta además de la salida.

El baño era amplio, con acabados elegantes, una bañera bastante grande, un lavatorio y un bidet, todo estaba impecable y en el lavatorio había muchos tipos de sales aromáticas. Hizo sus necesidades rápidamente, se lavó las manos e intentó acomodarse un poco el cabello, escupió el chicle y se enjuagó bien la boca. Una vez que estuvo seguro de que todo estaba en su lugar y que no quedaba ningún resto de  olor a vómito en su boca salió del baño.

Ella estaba sentada en la cama con los ojos cerrados, mientras jugueteaba con uno de sus risos y disfrutaba extasiada de los ritmos frenéticos de Charles Mingus. Iván tomó su copa y la hizo chocar suavemente con la que ella llevaba en la mano, entonces ella sonrió y abrió los ojos, tomó a Iván por nuca y le dio un cálido beso en los labios. Iván estaba muy nervioso, pero disfrutó mucho del dulce sabor del champagne de aquel beso experto. Cerró los ojos y sintió cómo los dedos de ella acariciaban su nuca mientras que su boca era devorada de manera lenta y voraz por aquella mujer.

Al acabar la canción se separaron y bebieron un poco de champagne para recuperar el aliento, dejaron las copas y se apresuraron a seguir el beso donde lo dejaron, Iván se dejaba guiar en toda la experiencia, ella guiaba su boca y sus manos. Iván empezó a deslizar sus manos por debajo de la blusa, era la primera vez que tocaba una piel tan suave, le parecía como si siguiese tocando la seda. Comenzaron a desnudarse mutuamente, Iván con movimientos rápidos intentaba despojarla de la ropa, ella con gran habilidad le desató la corbata y desabrochó la camisa en un momento, le sacó el cinturón y dejó sin ropa interior. A Iván le tomó más tiempo desnudarla a ella, pero ella no lo apresuró y dejó que él lo hiciera, aunque en algún momento le daba algún consejo cómo hacerlo sin romperle la ropa.

Para cuando estuvieron desnudos ella se echó en la cama y guió la mano derecha de Iván hasta su sexo, hizo que el introdujera dos dedos dentro de ella, mientras ella sujetaba su pene y lo movía ligeramente. Ella le indicó cómo mover los dedos dentro de ella y llevó la otra mano hasta sus pechos, tenía los pechos firmes, los pezones grandes y negros. Sus gemidos y la música se mezclaron formando una canción mucho más dulce y animal. Iván estaba a punto de eyacular entonces ella se detuvo. Lo miró a los ojos y le susurró – “todavía no”- Iván contuvo la respiración y las ganas. Una vez controladas siguieron con aquel juego, hasta que ella soltó un gemido, se mordió los labios y cerró las piernas. Agarró por la muñeca con ambas manos a la mano de Iván que estaba dentro de ella.

Paró un momento a tomar un poco de aire y luego cogió a Iván y lo hizo recostarse en la cama, se acercó a la mesilla junto a la cama y sacó el condón de la envoltura, entonces se lo dio a Iván para que se lo ponga, cuando se lo puso ella inmediatamente se montó encima de él, moviéndose suavemente de adelante hacia atrás mientras ponía las manos de Iván alrededor de su cadera, luego empezó a moverse cada vez más rápido, cogió la corbata de Iván y la puso en su boca. Iván estaba cada vez más excitado, pero intentó contener las ganas de eyacular un poco más, hasta que finalmente ella lo abrazó con fuerza y no pudo más.

Por un segundo sus cinco sentidos abandonaron su sudoroso cuerpo, su alma viajó lejos de aquel instante y cuando volvió lo hizo en un estado de dicha absoluta. Demasiado exhaustos para decir nada, ella dejó de moverse y se echó boca arriba a su lado durante un buen rato.

-Creo que hay agua en el mini bar, ¿puedes alcanzarme una por favor?

-Claro – las piernas le flaqueaban un poco, primero pasó por el baño y se quitó en condón, había eyaculado bastante, quizá más que en toda su vida, se limpió y lavó las manos, al salir se acercó al mini bar y sacó dos botellas de agua.

Ella estaba sentada en la cama  apoyando su espalda en las almohadas. Bebieron en silencio hasta que ella rozó su brazo, entonces la sangre de Iván volvió a hervir y la besó apasionadamente, a diferencia de la primera vez, ahora era él quien parecía tomar la iniciativa de las caricias, empezó a besar sus pechos y a lamer sus pezones, acariciando su cuello y tocando con su pulgar los labios de ella. Cogió un condón y se lo enfundó rápidamente, ella lo recibió más húmeda que la primera vez y lo rodeó con sus piernas, sintió las uñas clavársele en la espalda mientras la envestía cada vez más fuerte. Cuando acabaron Iván quedó boca abajo, exhausto, ella le acariciaba la cabeza dulcemente hasta que se quedó dormido.

Cuando se despertó ella ya estaba terminando de vestirse, pudo notar que se había bañado, la habitación ya no olía a sudor ni a sexo.

-¿te vas ya?

-Sí, no te preocupes, es temprano aún, la habitación está pagada hasta las diez de la mañana, puedes seguir durmiendo tranquilamente. Faltando media hora llamarán y te preguntarán si quieres quedarte, pero por el precio que supone te recomendaría que no lo hagas. Una cosa más, no quería decirte esto ayer, pero tú tampoco continuarás trabajando con nosotros, creo que es lo mejor para ti, este no es tu sitio.

Terminó de maquillarse en silencio, parecía la misma de siempre, salvo que no se sujetó el pelo.

-¿Te volveré a ver? – le preguntó Iván a su ya ex jefa.

-Sabes, ayer me llamaste Claudia en pleno orgasmo – lo miró fijamente – Iván, ya eres un hombre… Será una noche difícil de olvidar. Cuídate – Con ese “cuídate” como adiós, ella volvió a su vida.

Iván se dio media vuelta y continuó durmiendo hasta que escuchó el teléfono de la habitación, contestó y dijo que saldría a la hora pactada. Se dio un baño rápido y se vistió, vio que la corbata llevaba manchas de pintalabios. Puso la corbata en el bolsillo interno del traje y salió por la puerta.

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